paradero - Aldea Santillana

Los primeros testimonios escritos que hablan del lugar de Santa llana o Santillana datan del s.XIV y se refieren a él como un monte situado en el margen derecho del río Lozoya, abundante en caza. La gran valentía demostrada por D. Iñigo López de Mendoza al lado de las tropas reales del futuro Enrique IV en la Batalla de Olmedo en 1445, le confirmaron el título de posesión de los valles de Santillana y Conde del Real de Manzanares

Fue el Marqués de Santillana "hombre de muy sutil ingenio, bien razonado, muy gracioso en su decir, osado y atrevido en su fablar. Amó mucho linaje e placiale facer edificios e hizo muy buenas casas". Fue un hombre, en definitiva, que encarnó las tendencias de su tiempo, siendo belicoso y culto a la vez.

En 1566, Felipe II viaja al Paular y a Buitrago, alojándose en el pabellón de caza de Santillana. Allí escucha misa y es atendido por el capellán, quedando tan satisfecho que le concede a él y a sus sucesores la CAPELLANÍA DE HONOR. Aún se conserva una muy graciosa filigrana de herrería que contiene en su interior una vetusta campana con la que se llamaba a oración a los pobladores de Santillana.

A finales del s. XVII el lugar quedó despoblado, construyéndose de nuevo en el s. XIX la actual casa-palacio, se diseñan hermosos jardines y la Capellanía recupera su estado. De la antigua ermita se conservan todavía piedras esparcidas junto al pozo conocido como "de la ermita".

A inicios de los años noventa es un lugar prácticamente abandonado y del palacio, poblado y molino y almacenes en que se dividía el lugar se pasó a la actual estructura en la que se pueden diferenciar Capellanía de Mendoza, Castillo de Mirabel y Serrería. Una singular obra arquitectónica en la que se respira originalidad, encanto, confort, modernidad, arte, historia y poesía.

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